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03/06/2020

EL PAÍS DEL SOL NACIENTE

Descubre por qué el astro rey es un símbolo tan importante para Japón.
Los mitos y leyendas ancestrales marcan, sin lugar a dudas, los símbolos y tradiciones del Japón actual. Un ejemplo claro es que su bandera, comúnmente conocida como Hinomaru (“círculo del sol”), tiene un gran disco rojo en el centro que representa al astro rey. Para entender el porqué de este símbolo, es necesario remontarse a textos muy antiguos (inicios del siglo VII), en los que Japón es frecuentemente mencionado como “la tierra del sol naciente” probablemente porque, según el mito de la creación de Japón, los miembros del trono de este país son descendientes de la diosa del sol, Amaterasu.

Amaterasu, diosa del sol

Según el sintoísmo, la religión nativa en Japón basada en la veneración de los kami o espíritus de la naturaleza, Amaterasu, la diosa del sol, es antepasada de la familia imperial de Japón, por lo que podría decirse que es la madre del imperio y deidad suprema en el país.
Según cuenta el Kojiki (el libro histórico más antiguo que se conserva sobre la historia de Japón), Amaterasu y sus hermanos Susanooo (dios del mar, las tormentas y las batallas) y Tsukuyomi (dios de la luna), son hijos del dios Izanagi. El Kojiki se refiere a ella como la deidad de la que emana toda la luz, vinculándola con el sol en innumerables ocasiones debido a la calidez y compasión que siente por aquellos que la adoran.
La mayor parte de las leyendas de Amaterasu giran en torno a las disputas que mantuvo con su hermano Susanooo, dios del mar, las tormentas y las batallas, y causante de múltiples desastres. Furiosa por el comportamiento de su hermano, la diosa se encerró en la “Cueva Celestial”, dejando al mundo sumido en tinieblas. Para hacerla salir de su encierro, varias deidades (kami-gami), siguiendo el plan del dios de la inteligencia (Omoikane), se reunieron a la entrada de la cueva bailando, charlando y riendo. Al escuchar ruido Amaterasu salió a ver qué pasaba, preguntándole al kami que estaba más cerca de la entrada, quien le contestó que había una nueva deidad al mismo tiempo que le señalaba a un espejo. Amaterasu, que nunca había visto su imagen reflejada, quedó absorta y exclamó “Omo-shiroi”, que significa tanto “blanca tez” como “fascinante”. En ese momento, algunos kami-gami cerraron la cueva tras ella, convenciéndola para regresar al Plano Celestial.
Las leyendas cuentan también que, cuando dejó de esconderse, Amaterasu envió a su nieto Ninigi-no-mikoto a pacificar Japón y que fue su bisnieto, Jinmu, quién se convirtió en el primer emperador de este país.

La carta de Shōtoku

El hecho de que Japón fuera llamado la tierra del sol naciente, sirvió al príncipe Shōtoku (574 – 622), regente y político de la Corte Imperial de Japón, en sus relaciones diplomáticas con el resto de países vecinos, especialmente con China. Se dice que, en el año 607 escribió una carta a la corte china de los Sui, cuyo encabezamiento era el siguiente: “Del soberano de la tierra del sol naciente al soberano de la tierra del sol poniente”. Muy probablemente la intención de Shōtoku era igualar en importancia a los dos países, ya que Japón era conocido en China como Woguo, lo que significa “país enano”.