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13/05/2021

ESPAÑA ES MUCHO MUNDO: EL EMBRUJO DE CÓRDOBA

Sus patios, su judería, el embrujo de la Mezquita, las leyendas de sus callejones y hasta el aplastante calor, todo hace de Córdoba una de las ciudades con más encanto de Andalucía. El blanco de las casas se entremezcla con el aroma de sus flores y el discurrir del Guadalquivir. La Historia, con mayúscula, ocupa un lugar fundamental en su esencia, habiendo sido fundada por los romanos para convertirse después en capital del Califato. Pero Córdoba también son sus gentes, sus tardes de tertulia y la gracia andaluza, hasta se dice que las cordobesas con las mujeres más guapas. Y es que todo en ella se ve bonito.
        Imagen de Córdoba

A mayor esplendor de la ciudad

Si hay un lugar donde se puede contemplar y sentir el paso de la historia es sin duda Córdoba. Las grandes culturas que pasaron por España se enamoraron de esta calurosa tierra, empezando por los romanos, con el general Marco Claudio Marcelo, que la fundó en el 171 a.C. y para la que mantuvo el nombre de Corduba, “altozano junto al río”, que no tardó en convertirse en la capital oficiosa de la provincia romana Hispania Ulterior. Pasó por distintos mandatos romanos, con muralla incluida y reconstrucción de la ciudad, hasta que en el año 711, los árabes entran y la convierten durante 525 años en la más esplendorosa de las urbes.
Los musulmanes dejaron España, pero la impronta de su arte y su cultura quedó patente y para siempre, marcada en Córdoba, misteriosa, mágica y bella en cada rincón por la que se pasea. Personajes como Averroes o el gran Séneca eran oriundos de aquí, igual que el gran pintor Romero de Torres o, más en la actualidad, arquitectos como Rafael de la Hoz.

Patrimonio de la Humanidad

El legado de Córdoba es de los mejor conservados, por lo que resulta fácil visualizarse en las distintas épocas históricas de las que fue testigo la ciudad. La Mezquita es sin duda la niña bonita, Patrimonio de la Humanidad desde 1984 y considerada el monumento más importante de todo el occidente islámico. El edificio resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana. Es simplemente una delicia dejarse llevar en su interior.
Su Puente Romano es uno de los más bonitos y nadie se pone de acuerdo en si es más espectacular por el día o con la iluminación de la noche, lo que sí es seguro es que su imagen, con el Guadalquivir pasando debajo y la Mezquita-Catedral al fondo, es probablemente la estampa más conocida de Córdoba. La judería, preciosa, la calleja de las Flores, la plaza de la Capuchinos con el famoso Cristo de los Faroles, la Torre de la Calahorra o la muralla y sus puertas son lugares de obligada visita, así como el yacimiento arqueológico de Medina Zahara o el Alcázar de las Reyes Cristianos.
Las leyendas que acompañan a algunas de sus calles son fundamentales para conocer la idiosincrasia de la ciudad y una de las mejores maneras de recoger su legado. El callejón de las Cabezas es conocido como el de las siete cabezas porque se dice que durante la celebración de un banquete, le presentaron a Gustios González, quien vivía en esa calle, las sietes cabezas de sus siete hijos como venganza. O la de Abrazamozas, en la actualidad la calle Valdés Leal, conocida porque es como se llamaba a los jóvenes que salían de noche buscando encuentros amorosos en ella.
        Imagen de Córdoba

Para chuparse los dedos

Pero no se puede hablar de Córdoba y no mencionar su cocina. Hay que tener familia cordobesa para probar un verdadero salmorejo de los que querrías estar comiendo todo el rato, pero si no la tienes (ni nadie que te la preste) entonces hay que dejarse caer por algunos de los mejores rincones gastronómicos de la ciudad, que por supuesto los tiene y de todos los gustos y sabores. Maravilla.
Podemos empezar por una estrella Michelin, y eso nos lleva al Choco, de Kisko García, quien resume su restaurante en arraigo, alma, ingenio y esencia, lo mejor de la cultura cordobesa convertido en una experiencia para el paladar. Imperdonable no hacer una parada. Como tampoco puede uno irse sin llevarse a la boca unos flamenquines, una ensaladilla, un rabo de toro o japuta en adobo. Ahí hay que lanzarse y dejarse llevar, sin decoro y con hambre.
En la judería están algunos de los puntos más famosos para tapear e introducirse en el ambiente lugareño. Por supuesto Taberna Casa Pepe es el más conocido y con razón, porque además de comer bien, la terraza decorada como un patio andaluz es el lugar perfecto donde perder el ‘sentío’. Hablar del Bar Santos es hacerlo de tortilla, enorme, sabrosa, y de pared de azulejos y de ponme otra ronda, de lo que sea, pero otra. Taberna San Miguel Casa el Pisto es del año 1880, y en sus paredes presumen de personajes ilustres, incluido el mencionado Romero de Torres. Rafaé, La viuda o Casa Bravo, la ruta de las tapas es rica en lugares y sabores.
Y no se puede acabar sin hacer un alto en el camino por El Caballo Rojo. Con toda seguridad es el más emblemático de los restaurantes de Córdoba, y aunque los hay más baratos o con platos más resueltos, lo cierto es que solo por la ubicación, al lado de la Mezquita, o porque sus raciones siguen siendo deliciosas y su caña fría, la que mejor sienta al salir de la Mezquita, lo cierto es que no puedes dejar la ciudad sin entrar. Y comer. Y sentir la esencia y la calidez de la gente, para llevarte el mejor sabor a casa.
Descubre este y otros destinos para escaparte esta primavera en España es mucho mundo.
        Imagen de Córdoba