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09/08/2019

KINTSUGI, ARTE EN LA VID

Una exposición en la Bodega Carlos Moro de La Rioja creada a partir de cepas de vid, que fusiona arte y vino para crear una experiencia única en torno al turismo enológico.

  

  
    Imagen del interior de la Bodega Carlos Moro
El Kintsugi japonés parte de la idea de que las roturas y reparaciones de un objeto forman parte de su historia, y que deben mostrarse en lugar de ocultarse. Esta filosofía da como resultado una técnica artística para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.
Tomando como punto de partida el Kintsugi, el artista Carlos Villoslada ha desarrollado la exposición ‘14 Latidos, compuesta por una colección de 14 obras que se exponen este verano en la Bodega Carlos Moro. Se trata de una delicada simbiosis entre arte y vino para que los amantes del turismo enológico puedan disfrutar de una experiencia diferente en su ruta por La Rioja.
La exposición pretende mostrar el comportamiento de las cepas mediante la técnica centenaria japonesa Kintsugi. Carlos Villoslada ha tomado prestada la tradición asiática que demuestra que una pieza rota se revaloriza por la historia que deja escrita su cicatriz. Con frecuencia son reparadas con un compuesto a base de oro que, lejos de esconder la herida, honra la trayectoria y la vida de la pieza. Este particular guiño a la memoria del lugar permanecerá expuesto durante el verano, ofreciendo a los visitantes de la bodega una experiencia que va más allá del tradicional turismo enológico.

  

  
    Imagen del interior de la Bodega Carlos Moro
La muestra de este artista la conforman cepas de viñedos de 35 años cuyos cortes de poda y fisuras han sido restaurados a través del Kintsugi. Las esculturas están bañadas en color blanco, un color que a lo largo de la exposición y en contraste con la temperatura y humedad del calado irán modificando su aspecto original. Sus grietas, cortes de poda, nudos o fisuras están cubiertas por una capa de color oro que acentúan sus imperfecciones.
“Esta filosofía nos recuerda que nuestros accidentes o nuestras heridas nos han hecho sufrir, pero nos han permitido crecer en el camino”, asegura Villoslada. “Paradójicamente, somos mucho más hermosos, más resistentes y preciados tras sufrir estas heridas, al igual que ocurre en las cepas y que pretenden ser parte viva de la bodega que las acoge”
Su historia cuenta cómo los viñedos van modificándose en función del entorno, la tierra y la mano que los cuida. La exposición ha sido creada en exclusiva para la Bodega Carlos Moro y estará expuesta a lo largo de los más de 300 metros de longitud del impresionante calado subterráneo que la hacen única. La Bodega Carlos Moro acogerá en la sala de catas y la tienda una serie de obras del autor de raíces sobre lino y cerámicas.

  

  
    Imagen del interior de la Bodega Carlos Moro