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04/05/2020

NATTO: UN RETO EN TU PLATO

Pese a su aspecto y olor extraño este alimento es todo un “must” en la cocina nipona.
Cuando se piensa en comida japonesa vienen a la cabeza platos sofisticados y sugerentes que despliegan en la mesa una explosión de colores y sabores súper apetecibles. Sin embargo, el natto, por muy japonés que sea, no es así. Este alimento, que se obtiene al fermentar durante una semana una legumbre (generalmente la judía de soja), con una bacteria que se llama Bacillus subtilis es un amasijo pegajoso de judías que destila un fuerte olor y tiene una textura poco apetecible. Pese a todo, son tantas sus cualidades, que merece la pena darle una oportunidad.
Los orígenes del natto no son muy claros. Cuenta la leyenda que fue el samurái Minamoto Yoshiie (1051-1083), también conocido como Hachimantaro, quien lo descubrió de forma accidental. Se dice que, una noche durante una contienda, los soldados de Hachimantaro estaban cocinando soja para alimentar a sus caballos, cuando fueron atacados. Debido a la escasez de alimento del momento, se vieron obligados a conservar los granos se soja cocida en un saco de paja de arroz, que ataron a la grupa de un caballo. Días más tarde, cuando abrieron el saco de paja, se encontraron con que la soja se había convertido en natto. Al parecer, el calor que emanaba del animal, unido a que la paja de arroz japonesa contiene un elevado nivel de Bacillus subtilis, dieron como resultado este alimento.
Aunque en Japón hay verdaderos amantes del natto, raramente se toma “a palo seco”. Es bastante habitual removerlo mucho y mezclarlo con salsa de soja y mostaza japonesa (karashi) o salsa ponzu. En algunos lugares, como la isla de Hokkaido, se le añade azúcar. Muchos lo consumen acompañado de kimchi (col china fermentada), huevo crudo, daikon (una raíz perteneciente a la familia del rábano), katsuobushi (copos de bonito) o alga nori. También se puede añadir al arroz o a los fideos de soba, udón, a la tempura… A todo, en definitiva.
En cuanto a las cualidades para la salud cabe decir que el natto mejora la digestión, favorece la asimilación de nutrientes y, como prebiótico, estimula el crecimiento de bacterias favorables para el intestino. Además, debido a su elevado contenido en vitamina K2 contribuye al fortalecimiento de huesos y dientes, “limpia” el colesterol de las arterias y es un potente “antiaging”, que combate eficazmente las arrugas y la flacidez de la piel. En España hay diferentes marcas que lo comercializan envasado, aunque los más “cocinillas” pueden hacer su propio natto casero.