EEMM riaño

10/06/2021

ESPAÑA ES MUCHO MUNDO: RIAÑO, AL ENCUENTRO DEL LOBO

El Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre, situado al noroeste de la provincia de León, es un paraíso para la observación de la flora y fauna autóctonas.
        Imagen de Riaño
Casi medio centenar de especies de orquídeas salvajes tapizan sus puertos, la berrea de los venados en otoño es un espectáculo de la naturaleza difícil de olvidar y las aves alpinas sobrevuelan sin descanso los picos Gilbo, Yordas y Las Pintas, para recordarnos que este paisaje leonés es tan bello como singular. No obstante, si tuviésemos que coronar a un animal como el rey del parque, este sin duda sería el lobo ibérico, un carnívoro depredador que se mueve en manadas por un territorio de caza que abarca los 10 kilómetros cuadrados, lo que suele dificultar su avistamiento. Hoy los ejemplares están ‘jugando’ en el valle, pero mañana pueden estar buscando comida en el bosque, ya que no hay que olvidar que su itinerancia depende de la disponibilidad de alimentos en la zona. Motivo por el cual, observarlos no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Tan solo hay que ser paciente, mucho, y confiar en las tareas previas de rastreo de las empresas dedicadas al turismo de naturaleza.

El lobo ibérico en libertad

Lo primero que has de tener en cuenta cuando vayas en busca del lobo ibérico a la zona de Riaño es que allí esta especie protegida vive en libertad absoluta. En el parque no hay vallados, ni semivallados, ni se parece en nada a un zoológico, ni siquiera a uno de esos espacios naturalizados en los que ir a ver de manera controlada todo tipo de animales salvajes.
Porque en la montaña oriental leonesa, el lobo ibérico es salvaje, pero salvaje de verdad. Razón por cual ninguna agencia de las que operan este tipo de servicios de observación te garantizará nunca al 100% que vayas a poder otearlos. De lo que sí podrás estar seguro es de que el hábitat que ocupan las manadas de cánidos es único: un embalse que discurre entre picos de casi 2.000 m.s.n.m. que hay quien compara con fiordos, fértiles valles con paisajes increíbles, bosques que parecen sacados de cuentos de hadas…
“No es un safari”, puntualiza rotundo Luis Robles, uno de los cuatro socios que conforman Wild Watching Spain, empresa que ofrece esta actividad en la montaña de Riaño y también en la de Fuentes Carrionas. Deberás madrugar bastante, caminar lo necesario (que no suele ser demasiado) y, sobre todo, esperar con paciencia, con mucha paciencia. Y si no hubiese suerte a primera hora de la mañana, no importa, ya que al atardecer se realiza otro intento, también llamado ‘espera’. Porque de esperar es de lo que se trata.
“Debemos estar apostados en el puesto de observación –que previamente nosotros hemos escogido tras rastrear al lobo durante un mes– antes de que amanezca, evitando las horas de máximo calor. Después permaneceremos sentados, camuflados, mimetizados con el entorno, para que el animal no nos pueda oler ni mucho menos ver, ya que lo primero y fundamental es la propia seguridad del lobo”, prosigue el biólogo, quien también explica que la actividad no es conveniente para niños pequeños por varios motivos: la larga espera se suele realizar a menos de 10ºC en pleno verano (estamos hablando de la montaña leonesa) y es necesario saber manejar con destreza las ópticas de los prismáticos y el catalejo, ya que la distancia entre nosotros y el animal puede llegar a alcanzar hasta un kilómetro de distancia.
Eso sí, una vez aparece el lobo en el ‘objetivo’ no hay experiencia igual, ya que podremos estar disfrutando durante horas de un auténtico espectáculo de la naturaleza: la hembra protegiendo a los cachorros, el macho alfa regurgitando la comida para alimentar a la manada, los lobeznos jugando entre sí cual perrillos inquietos… Todo esto mientras los guías expertos te van ilustrando sobre las increíbles conductas del lobo ibérico, como la jerarquía de las hembras o la propia autorregulación de la especie, cuando se matan entre ellos o, por el contrario, son aceptados por la manada.
        Imagen de Riaño

El entorno

Riaño, además de un embalse, es el pueblo más nuevo de la provincia de León, ya que fue creado en su emplazamiento actual a finales de los años 80, cuando al cerrarse las compuertas de la presa de La Remolina, el río Esla anegó el valle y, con ello, el antiguo pueblo de Riaño, así como los vecinos Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Burón, Pedrosa del Rey y Vegacerneja. Hoy todas estas localidades descansan bajo el agua, pero no han sido olvidadas. De esto se ha encargado la memoria colectiva de los leoneses; también muchos de los espacios públicos de la comarca: el monumento de hierro con las campanas de los pueblos sumergidos bajo el agua titulado El silencio de las campanas, la musealizada plaza de Cimadevilla, las iglesias parroquiales trasladadas y reconstruidas piedra a piedra o el Museo Etnográfico de Riaño.
Es el Paseo del Recuerdo, una sencilla senda peatonal que bordea la orilla del embalse, el mejor lugar para disfrutar del paisaje al tiempo que se rememora el pasado de la región, ya que podemos entrar a visitar la iglesia románica del siglo XIV de Nuestra Señora del Rosario (que fue traída desde el pueblo de La Puerta hasta Riaño) y después sentarnos en el bautizado como ‘el banco más bonito de León’ para mirar de frente los piscos Gilbo, Yordas y Las Pintas mientras alguien nos hace la foto más deseada para Instagram… Hasta la fecha, porque en Riaño acaban de inaugurar el columpio más alto de España y esto es difícil de superar.

Otras actividades

Los más aventureros podrán lanzarse a ascender los picos más importantes del Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre (ojo, que el Gilbo es conocido como el Cervino leonés) y los más relajados tan solo tendrán que elegir entre las impresionantes vistas panorámicas que ofrecen los miradores del Alto Valcayo y las Hazas (cuya antigua torreta de vigilancia ha sido reconvertida en un chozo de pastores) o de Biescas, donde han situado un banco en primera fila para goce y disfrute de la vista (y las redes sociales).
La travesía en barco por el embalse es una manera diferente de acercarse al territorio, ya que el catamarán, con espacio para 60 personas, pasa bajo el viaducto y navega entre la cadena montañosa que envuelve el pueblo de Riaño, incluido el pico de Yordas con sus casi 2.000 m.s.n.m. También es posible realizar diferentes actividades acuáticas, como alquilar una moto de agua, una piragua o una tabla para practicar paddle surf.
Descubre este y otros destinos para escaparte esta primavera en España es mucho mundo.
        Imagen de Riaño