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21 /12 / 2017

UN VIAJE (SANADOR) EN EL TIEMPO

"Visitar un sanatorio es como retroceder en el tiempo", escribe Maryam Omidi en Holidays in Soviet Sanatoriums, un libro único en su especie (Fuel ed.) en el que lleva al lector hace un viaje consciente de la mano de la salud hacia un mundo de papeles pintados desconchados, estatuas de Lenin y medicina alternativa del nuevo mundo.
Parte de salud-spa, parte del hospital, sanatorios que una vez se ofrecieron como un pasatiempo omnipresente, "decididamente útil", explica Omidi.
Su función era "proporcionar descanso y recuperación, para que los ciudadanos pudieran volver a trabajar con renovada diligencia y productividad".
Esta necesidad y popularidad de rápido desarrollo vio nacer 1.829 nuevos sanatorios construidos en la URSS en 1939.
Desde el estalinismo y la grandeza neoclásica en Abjasia hasta los bloques de hormigón de Khrushchyovka en Armenia, este libro exhibe una desconcertante variedad de estilos.
Hay ejemplos de rarezas arquitectónicas de la era soviética -con paredes de mármol verde como el Tskaltubo en Georgia- que solo estaban permitidas, escribe la crítica Diane Koenker, porque los sanatorios 'tenían la intención de asombrar y apostar por un' enfoque menos tradicional '.
A pesar de estos momentos de ornamentación, prevalece la funcionalidad del suelo frío.
Esto se refleja en la actitud estoica de una joven Unión Soviética, cuando cada aspecto de la vida del sanatorio (desde "dormir hasta tomar el sol") se supervisaba estrictamente.
Desde entonces, ha habido un cambio gradual, de un siglo de duración, hacia una cultura del sanatorio más relajada.
Aunque muchos sanatorios ahora se encuentran en mal estado, los pocos que siguen siendo populares se han modernizado y desarrollado en diversos grados.
Las páginas de Holidays in Soviet Sanatoriums, están pobladas por un elenco de visitantes modernos: mujeres mayores sometidas a terapias magnéticas en Bielorrusia; adolescentes jugando al ping-pong en una mina de sal que funciona cerca de Minsk o bebés que chaporrotean en bañeras burbujeantes en Alyans.
El futuro de estos núcleos deformados en el tiempo sigue siendo incierto, y este libro pretende ser algo más que una plataforma que mire a los ojos de los occidentales.
Por el contrario, Omidi espera que sirva de catalizador para la renovación y preservación de la singular historia arquitectónica del sanatorio: "con la esperanza de que sean protegidos y restaurados para futuras generaciones".